Un nuevo año, y entre otras tantas fechas que se repiten, está el fatídico y comercial 14 de Febrero. En esta oportunidad se me ocurrió investigar el origen de este día repleto de bombones, rosas y cursilerías varias, todas resguardadas bajo la lógica del “amor”. La excusa de muchos para tener un gesto una vez al año, o tal vez hacer algo “especial”. Otra historia cristiana reinventada en ventas como la navidad y su Papa Noel de rojo y blanco. El día de San Valentín, por lo que leí se trata de un Obispo de la antigua Roma, al parecer un Cesar había prohibido el matrimonio porque producía “Guerreros débiles” ya que en lugar de querer ir a la batalla, optaban mantenerse junto a sus familias. Ante tal prohibición lo que el Obispo Valentín realizaba era invitar a las parejas a que fuesen en secreto a la iglesia para que él las casase. Resumiendo la historia, lo atrapan, lo tratan de comprar, no acepta, lo encierran. A partir de este punto la historia se torna otra vez interesante...
“La vida es simple, nosotros la complicamos” Una frase sobre la estuve pensando a lo largo del día. “La vida es simple…” pensándolo una y otra vez, dándole vueltas a una idea, caigo en la cuenta de que la vida no es simple, es una conclusión a la que cualquiera podría haber llegado, eso es cierto. Pero esa afirmación depende de que “vida” estemos citando. La vida que llevamos, la vida que pensamos que llevamos, o tal vez la que teníamos, o que nos gustaría tener. La vida es simple… no, para nada, decir “la vida era simple… “quizás, solo quizás, sea un poco más acertado, porque en retrospectiva, y a modo de sugerencia, no de regla, uno cuando mira hacia atrás, la vida solía ser más fácil, había otras responsabilidades, menos responsabilidades. Pero no hay que caer en la idea de que simple es mejor. Simple, es solo eso, simple. Y nuevamente nos encontramos con la vida particular de cada persona, ya que para algunos esos tiempos más simples, fueron mejores, más libertad = más diversi...
Porque nos vemos y nunca nos “vimos” Y no es que no nos veamos, el problema es que nunca nos “vimos”. Y no hay agonía en añorar lo que no fue, solo el sabor amargo del “¿por qué no pudo ser?”. Ya no hay más excusas, ni verdades que revelar, solo estas palabras que se escurren entre mis dedos, palabras sin nombre, palabras que debo dejar ir. La cuestión es que las cosas suceden cuando uno sucede, pero algunas veces por más Rey que se quiera ser a uno le toca jugar de peón y debe de hacer lo mejor que pueda. Las palabras son esclavas del contexto y del sentido, y el desconocimiento hace que todo suene distinto, dar por sentada una realidad esconde una verdad que nunca debe de ser revelada para evitarle malos tragos a la homenajeada. Y me veré obligado a convertir esta ilusión en poesía, hacer de tu recuerdo una melodía, y a esculpir una máscara que utilizare siempre que nos crucemos para que veas que me alegro de verte, y no que tu eres mi alegría. Desencuentros Desencue...
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